En los últimos años, México ha experimentado una política sostenida de incrementos al salario mínimo, con el objetivo de recuperar el poder adquisitivo perdido durante décadas. Para 2026, el salario mínimo volvió a aumentar, con impacto directo en millones de trabajadores y en múltiples aspectos de la economía mexicana.
Aunque la medida ha sido bien recibida por la mayoría de los trabajadores, también ha abierto el debate sobre su impacto en la inflación, la formalidad y la competitividad de las empresas.
A partir del 1 de enero de 2026, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) aprobó un nuevo ajuste que entró en vigor oficialmente:
Este nuevo ajuste forma parte de la política nacional para fortalecer la retribución mínima, con el objetivo de acercarla cada vez más a cubrir las necesidades básicas de las familias mexicanas.
Históricamente, los ajustes al salario mínimo han sido significativos desde 2018. A continuación, un resumen histórico actualizado hasta 2026 para el salario mínimo general:
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Año |
Salario mínimo general (resto del país) |
Zona Libre de la Frontera Norte |
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2018 |
$88.36 MXN |
– |
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2020 |
$123.22 MXN |
– |
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2023 |
$207.44 MXN |
$312.41 MXN |
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2025 |
$278.80 MXN |
$419.88 MXN |
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2026 |
$315.04 MXN |
$440.87 MXN |
Estos ajustes han permitido que el salario mínimo recupere más del 110% de su poder adquisitivo real desde 2018, según datos de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI).
Uno de los principales debates alrededor del incremento del salario mínimo es su posible efecto en la inflación.
Sin embargo, los análisis del Banco de México y la OCDE muestran que, hasta ahora, los incrementos no han provocado un aumento sostenido de precios, debido a que:
La evolución del salario mínimo sigue alineada con las metas de recuperación del poder adquisitivo sin desbordar la inflación general.
Uno de los principales objetivos de los aumentos al salario mínimo es reducir la brecha entre el trabajo formal e informal.
El panorama actual muestra luces y sombras:
El impacto neto sobre la formalidad laboral depende de la combinación de políticas que generen empleos formales de mayor productividad y que reduzcan la informalidad estructural.
Este panorama refleja que el impacto del salario mínimo no es homogéneo y varía según las características productivas y estructurales de cada sector económico.
En conclusión, el incremento al salario mínimo en México para 2026 representa un paso más en una política pública de largo plazo orientada a fortalecer los ingresos laborales, reducir la pobreza y mejorar el bienestar de las familias trabajadoras.
Sin embargo, los desafíos persisten:
El futuro del salario mínimo en México dependerá de un equilibrio entre políticas productivas, educación laboral, innovación empresarial y desarrollo económico sostenible que permitan que los ajustes salariales impulsen el bienestar y la inclusión sin comprometer la estabilidad macroeconómica.