El estrés laboral continúa siendo uno de los principales desafíos para el mundo del trabajo en México. A pesar de que el país cuenta desde hace varios años con un marco regulatorio orientado a prevenir los riesgos psicosociales en los centros de trabajo, diversos indicadores nacionales e internacionales muestran que este fenómeno sigue afectando a un número importante de personas trabajadoras.
La creciente atención hacia la salud mental en el entorno laboral ha impulsado cambios normativos, nuevas políticas organizacionales y un mayor interés por comprender los factores que influyen en el bienestar de los colaboradores. Sin embargo, especialistas coinciden en que la regulación, por sí sola, no ha logrado revertir los niveles de estrés registrados en el país.
Este panorama vuelve a colocar en la conversación la importancia de comprender qué establece la legislación mexicana, cuáles son los principales factores de riesgo psicosocial y qué muestran actualmente los datos sobre el estrés laboral.
Diversos estudios han ubicado a México entre los países con mayores niveles de estrés laboral. Las largas jornadas de trabajo, la presión por alcanzar objetivos, las cargas excesivas, la incertidumbre económica y las transformaciones que experimenta el mercado laboral son algunos de los factores que contribuyen a esta situación.
El estrés relacionado con el trabajo puede manifestarse de distintas formas. Entre las más frecuentes se encuentran el agotamiento físico y emocional, la disminución del rendimiento, las dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño, ansiedad y problemas de salud física asociados a una exposición prolongada a situaciones de presión.
Aunque experimentar estrés de manera ocasional forma parte de la vida laboral, el problema surge cuando estas condiciones se mantienen durante periodos prolongados y afectan tanto el bienestar de las personas como el funcionamiento de las organizaciones.
La legislación mexicana define los factores de riesgo psicosocial como aquellas condiciones presentes en el trabajo que pueden provocar trastornos de ansiedad, alteraciones del ciclo del sueño, estrés grave o problemas de adaptación, derivados de la naturaleza de las funciones, la organización del trabajo o los acontecimientos traumáticos severos relacionados con la actividad laboral.
Estos factores pueden estar asociados, entre otros aspectos, con:
La presencia de uno o varios de estos elementos no implica necesariamente que exista un problema generalizado dentro de una organización, pero sí representa un aspecto que puede ser evaluado mediante los mecanismos establecidos por la normativa vigente.
Uno de los principales instrumentos regulatorios en esta materia es la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, relativa a los factores de riesgo psicosocial en el trabajo.
Esta norma entró en vigor de manera escalonada entre 2019 y 2020 con el objetivo de establecer los elementos para identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial, así como promover un entorno organizacional favorable.
Entre las obligaciones que contempla destacan:
Las obligaciones específicas varían dependiendo del número de trabajadores que integran cada centro de trabajo.
La NOM-035 marcó un cambio importante al incorporar la salud mental dentro de las obligaciones relacionadas con la seguridad y salud en el trabajo.
Antes de su implementación, la legislación laboral mexicana se enfocaba principalmente en riesgos físicos, accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. La incorporación de los riesgos psicosociales amplió el concepto de salud ocupacional para incluir aspectos relacionados con el bienestar emocional y organizacional.
Asimismo, la norma impulsó una mayor difusión del tema dentro de las organizaciones y generó nuevos procesos de evaluación, documentación y seguimiento.
A pesar de contar con un marco regulatorio específico, especialistas citados por diversos medios señalan que los niveles de estrés laboral continúan siendo elevados en México.
Entre las razones que suelen mencionarse se encuentran la complejidad de los factores que influyen en la salud mental, las diferencias entre sectores económicos, las condiciones particulares de cada organización y los cambios constantes en la dinámica laboral.
Además, el estrés no depende exclusivamente del cumplimiento normativo. También intervienen variables como las condiciones económicas, los modelos de liderazgo, la transformación digital, los cambios organizacionales, la incertidumbre laboral y las nuevas formas de trabajo que surgieron después de la pandemia.
Esto significa que la existencia de regulación constituye un elemento importante, pero no necesariamente suficiente para modificar todos los factores que pueden generar presión dentro del entorno laboral.
Con frecuencia, los términos estrés laboral y burnout se utilizan como sinónimos; sin embargo, hacen referencia a conceptos diferentes.
El estrés laboral describe una respuesta física y emocional derivada de exigencias o presiones relacionadas con el trabajo.
El síndrome de burnout, por su parte, es reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un fenómeno ocupacional caracterizado por agotamiento extremo, distanciamiento mental respecto al trabajo y disminución de la eficacia profesional, asociado al estrés laboral crónico que no ha sido gestionado adecuadamente.
Esta diferenciación resulta relevante porque ambos fenómenos requieren enfoques distintos para su identificación y análisis.
Durante los últimos años, la conversación sobre salud mental en el trabajo ha adquirido mayor relevancia tanto en México como a nivel internacional.
Organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Mundial de la Salud han señalado la importancia de generar entornos laborales que favorezcan el bienestar de las personas, considerando que las condiciones de trabajo influyen directamente en la salud física, emocional y social.
Al mismo tiempo, diversas reformas laborales y políticas empresariales han incorporado temas relacionados con la desconexión digital, el equilibrio entre la vida laboral y personal, la prevención del acoso y la promoción de ambientes organizacionales saludables.
El estrés laboral permanece como uno de los principales desafíos para los centros de trabajo en México. Si bien la NOM-035 representó un avance al incorporar la prevención de los riesgos psicosociales dentro del marco normativo, los datos disponibles muestran que este fenómeno continúa presente en distintos sectores y actividades económicas.
La evolución del mercado laboral, las nuevas formas de organización del trabajo y el creciente interés por la salud mental han ampliado la discusión sobre las condiciones en las que las personas desarrollan sus actividades profesionales.
En este contexto, la regulación vigente constituye uno de los instrumentos para atender los riesgos psicosociales, mientras el análisis sobre la efectividad de estas medidas y la evolución del bienestar laboral continúa formando parte de la agenda del mundo del trabajo en México.